Al muerto, las coronas. Y para el resto, migajas

Haber nacido en Cantabria, vivir en Madrid, y ser del Valencia no parece la mejor de las combinaciones, sobre todo cuando se trata de compartir una afición o un sentimiento. Por eso, a los pobres de espíritu como un servidor no nos queda otra que deambular por Twitter en busca de algún alma amiga con quien compartir alegrías, tristezas y desavenencias.

He leído mucho -de todo, en realidad- a lo largo de estos últimos y aciagos días y al final, supongo que como (casi) cualquier ser humano, hay situaciones en la vida en las que necesitas sacarte algo de la cabeza por miedo a explotar, o por simple necesidad de reconciliarte con tus propios pensamientos, en busca de otros que se asemejen a los tuyos. He querido pasarme por aquí para aliviar mi pesar y, al mismo tiempo, compartir la humilde visión de un valencianista más que todavía es incapaz de comprender -y asimilar- lo que ha sucedido en el Valencia CF.

Me he prometido dejar aquí una reflexión muy personal de una situación que ninguno de nosotros conoce realmente, infinitamente compleja e inevitablemente ajena. Es una opinión humilde de aficionado en la distancia. Quiero dar cal y también arena; a cada uno, lo suyo, sin revolcarme demasiado en lo obvio. Espero no aburrir y que se me entienda.

Porque yo no entiendo muchas cosas, demasiadas, pero no pienso remontarme a hechos pasados harto repetidos. Prefiero quedarme con lo que es reciente, tangible; lo que aún sobrevive a la distorsión por el paso del tiempo. 

No entiendo la decisión de Peter Lim. Ni por el momento, ni por las formas. Destrozarlo en este punto de la temporada, después del veranito que se han marcado unos y otros, a pesar de haber tragado tanto y haberse desentendido tanto. Tomar una decisión así, dominando los tiempos con esta maestría, sólo me demuestra que carece de la inteligencia emocional que es imprescindible para dedicarse a eso de la gestión deportiva. Como empresario será un hombre de éxito -prueba de ello serán sus millones-, pero como responsable de un equipo de fútbol, más allá de los números, es nefasto.

Negar la relevancia de su intervención para mantener este equipo a flote tras años de despropósitos sería de desagradecidos, así como el no reconocer el mérito de su gestión a nivel estratégico (patrocinios, movimiento de jugadores, etcétera). Como negocio, redondo, aunque no quiero olvidar una cosa: por mucho que el Valencia sea “su” empresa, esto es un equipo de fútbol, esto es deporte, no es la bolsa ni la industria.

Lim necesitó colocar al Valencia CF en una posición favorable desde la cuál poder empezar a conseguir beneficios, y como la gestión deportiva no es lo suyo (a los hechos remitámonos), la delegó en un equipo técnico que ha resultado ser una suerte de bendición en la historia reciente de este club. Mérito suyo, eso también. Meritón. Pero tan pronto el Valencia ha recuperado el vuelo y ha dado muestras evidentes de estar creciendo con solidez y estabilidad, el fútbol para Lim ha pasado a un segundo plano. Esto en sí no es difícil de entender, racionalmente hablando. Muchos diréis «estaba claro», y es verdad. Pero -y hablo en primera persona también-, nunca quieres creer que se pueda ningunear y menospreciar tanto el sentimiento que acompaña a este escudo.

Al muerto, las coronas. Y para el resto, migajas 1
Lázaro de la Peña/Valencia CF

Al final, de las personas hablan los hechos y las formas en su conjunto y, por desgracia, cuando hacen acto de presencia las de Peter, su buen hacer en esta obra languidece. El último ejemplo nos lo ha regalado hace apenas cuatro días. Y digo Peter porque me niego rotundamente a dedicar más que un puñado de líneas a sus acólitos. Esos que, aunque probablemente desempeñen un papel en la sombra más importante de lo que creemos, no son sino la prolongación silenciosa de la cobardía más venenosa que emana de Singapur. Aunque quizá esto sea simplemente una manera diferente de entender la vida y sus coyunturas. Cultura, decían. Quién sabe, porque es muda.

Del primer -que no principal- damnificado, Marcelino, huelga decir que es alguien complicado, por estilo y por carácter. En las últimas semanas claramente estaba pasándose de la raya; no era su papel ni su cometido, y su actitud a lo largo de este veranito no ha sido fácil de llevar. Es un tío al que considero inteligente, pero muy poco listo. Quizá por eso esté hoy donde está, fuera del banquillo.

No obstante, ¿tal ha sido el agravio? Sopesándolo detenidamente, no lo creo.

Podría valorar rollos de agentes de unos y otros, pero al final es casi irrisorio, porque me da igual de qué bando sean, al final todos quieren colocar al suyo, ¿o no? Donde no cabía Mendes era porque estaba Botas, pero donde no había Botas había Mendes. Consejos vendo, que para mí no tengo. Tampoco creo apropiado dar vueltas a historias de clubes que no nos interesan.

Leía por ahí ayer lo de Marcelino y su chiringuito. Desconozco los entresijos de ese aparato, y por ello me cuido muy mucho de hacer valoraciones sobre lo correcto o incorrecto del asunto. No lo justifico, pero concedo margen para que la valoración se realice en base al trabajo y los resultados. Si funciona, que no me lo cambien. No digo con esto que deba consentirse todo, ni mucho menos; ni que el trabajador deba imponer a su antojo parapetado tras su rendimiento todo aquello que desee (véase fichajes, personal, ayudantes, entre otros). No; debe existir un compromiso, un equilibrio, una mano que corrija, que sea capaz de enderezar el rumbo pero que, por encima de todo, posea la amplitud y altura de miras suficiente como para poder ver más allá de lo que sólo parecen inconvenientes.

Aquí me detengo un segundo, y lanzo una pregunta al aire: ¿es que Peter Lim desconocía el método de trabajo de quien contrataba? Porque el modus operandi de Marcelino no es, ni por asomo, algo novedoso. ¿Es que nadie le advirtió de sus artimañas? Me cuesta creerlo; no me imagino a Lim siendo tan ingenuo de no saber a lo que se exponía. Riesgo operacional, lo llaman.

Soy de la opinión de que a nivel profesional, un jefe, un buen jefe, debe valorar el desempeño de sus empleados por la calidad de su trabajo, los resultados alcanzados y la eficacia en la consecución de los mismos. Por muy criticable que haya sido la actitud (que lo ha sido), por mucho que haya habido intervenciones que hayan rozado lo inadmisible, ser gestor implica -en teoría- tener capacidad para relativizar, compartimentalizar y dominar timing y formas. No para demostrar poder cuando venga en gana para dejar patente quién manda. ¡Como si hubiese alguna duda! Todo esto, claro está, salvo que se quiera reducir todo a una lucha de egos en la que uno, realizando el mejor ejercicio de piromanía y necedad imaginable, y el otro, en un alarde repetido de inhibición prefrontal alarmante, quieran demostrar quién es más chulo. No sé cuál de los dos lo ha sido más, pero lo que está claro es que sólo ha perdido uno: el Valencia CF. Y nosotros, claro, los que no nos vamos, los que nos quedamos siempre y a pesar de todo.

A pesar de todos los errores, considero que Marcelino cumplió con lo que se esperaba de él y por lo que llegó al banquillo. Con luces y sombras, días buenos y malos, aciertos y fallos; su labor era entrenar a nuestro equipo y no sólo lo hizo (muy) bien, sino que por el camino lo llevó de vuelta a ese lugar que nunca debió haber abandonado. Lo convirtió en un equipo ganador y nos regaló un título, con todas las dudas y desconfianza, con su profesionalidad y sacrificio.

La Copa del Centenario.

Al muerto, las coronas. Y para el resto, migajas 2
Lázaro de la Peña/Valencia CF

Y esto es lo más flagrante de toda esta situación. Que el Centenario no nos enseñó nada; o mucho, tal vez, pero nosotros no aprendimos -o no quisimos aprender- nada.

Opino que Marcelino se ha extralimitado, públicamente y quizá también en privado, pero focalizo mi crítica sobre la inoperancia y torpeza de quien estaba por encima de él para leer las señales, interpretarlas, y darse cuenta de que tenía entre manos un proyecto exitoso por el que merecía la pena luchar y, quizá, ceder de su derecho y entrenar así la mano izquierda. Pero pensar de este modo es casi pueril. Soñar que no teníamos techo…

Este proyecto consiguió algo que parecía imposible: dotar a este equipo de garra y espíritu competitivo, solidez, carácter propio y una fortaleza largo tiempo perdida. Colocarlo otra vez al lado de los grandes.

Este proyecto también logró forjar algo que resulta complicado imaginar en el fútbol de hoy en día: una unión férrea, inquebrantable; un sentimiento de hermandad (familia) que, para quien esto escribe, constituía la mayor virtud de este grupo humano, y de la que más me enorgullecía. Un equipo, un corazón. Un vestuario con una única voz. Una plantilla unida en torno a una filosofía. Un sentiment etern. Algo que el Valencia CF añoraba hasta el extremo, tras tantos años errando por el desierto.

Al muerto, las coronas. Y para el resto, migajas 3
Getty Images

Sobre los jugadores, en un esfuerzo fútil por intentar empatizar, imagino lo duro y difícil que tiene que resultar todo esto para ellos. Porque sí, se deben al club, son profesionales, pero al fin y al cabo son personas que creían en una idea de la que han sido despojados cruelmente. Y por mucho que se conjeture, sus palabras me sugieren que no creían en vano. Ahora, desprovistos de su líder, es su momento de dar un paso adelante y sobreponerse a este varapalo para demostrar que su Valencia es fuerte gracias a ellos y a los que creemos en ellos. Seamos pacientes, y no exijamos que cambien el chip tan rápido como cambian nuestras valoraciones en las redes sociales. No pretendamos, ni por un mísero segundo, confundir y entremezclar realidades. No convirtamos esto en una lucha de bandos, alimentada por filias y fobias. Nuestro equipo son nuestros jugadores, esos que nos hicieron campeones hace muy poquito, y con ellos debemos ir a muerte. Erijámonos como fuente de apoyo y aliento y no de crítica y lamento.

La decisión tomada no ha hecho sino traer de vuelta viejos fantasmas. Cuando un patrón se repite de forma más o menos sistemática se puede caracterizar un comportamiento. Y el comportamiento revela muchas cosas; de nuevo, los hechos definen a las personas. Podemos poner el foco en el negocio, pues ese es boyante y no hace sino crecer próspero; en cuanto al fútbol, está herido de muerte, y ya sabemos que siempre será el primero en la línea de fuego. Es cuestión de estilo, modelo.

No sé muy bien cuál es el rumbo tomado ahora, cosa que no me sucedía hasta hace unos días. El tiempo dirá. Pero habiendo llegado hasta aquí, sólo puedo agradecer a Marcelino el haberse dejado la piel por llevar a nuestro Valencia a donde está hoy. Por haberlo hecho sin negociar su grado de compromiso, implicación y entrega, y por haber sido valiente y no haberse escondido jamás. Mal que nos pese, aun no habiendo velado por los intereses del Valencia en algunas ocasiones, jamás podremos decir que traicionó su proyecto. Creyó en él hasta el final, creyó en aquello para lo que vino a este banquillo, y he de reconocer que su idea nos llevó a vislumbrar todo lo que podíamos ganar y cuánto podemos perder. Me ha decepcionado su actitud a veces, pero le concedo el beneficio de la duda, porque nunca mostró más que una cara. Cuando hubo que darla, fue el primero en hacerlo. De otras partes no puede decirse lo mismo.

Le doy las gracias por haber recogido un Valencia perdido y habernos dejado un Valencia campeón. Por habernos devuelto la unión. Por habernos devuelto la ilusión. Por habernos hecho sentir orgullo de este Valencia CF. Por haber insuflado vida a ese sentimiento de pertenencia herido que es patrimonio irreductible de este equipo y afición. Por recordarnos que somos al mismo tiempo nuestra mayor fortaleza y nuestra peor debilidad. Que no hace ni cuatro meses rozábamos el cielo y hoy, como si nada de aquello hubiese realmente sucedido, volvemos a descender al infierno. Costó demasiado construir esto como para verlo ahora reducido a escombros.

Soy incapaz de asimilar que este proyecto haya acabado así. Y mientras intento hacerme a la idea, elijo refugiarme al amparo de unas palabras que resonaban poderosas allá por el mes de mayo en Mestalla:

Este es el corazón de esta plantilla, que es el mismo que el vuestro… tenemos que trabajar siempre para, juntos (…), hagan un Valencia campeón.

Si ese es tu legado, he aquí tu corona

Al muerto, las coronas. Y para el resto, migajas 4
El Desmarque

Para los que nos quedamos, las migajas.

 

Te ha gustado este post?

Ayuda al autor votando este artículo

Calificación media / 5. Número de votos:

Denunciar este artículo

1 pensamiento sobre “Al muerto, las coronas. Y para el resto, migajas

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *