El capitán de la nave

Convendrán ustedes conmigo, que no es la intención de ningún aficionado (me refiero a los “buenos”, no a los falsos aficionados, que para mí sólo existen en la mente del lacayo de su amo) linchar a su recién estrenado entrenador, ya que de su buen hacer dependerá de que esta nave que representa nuestro querido club llegue a buen puerto y no se convierta en poco más que una sucursal comercial de un compañía de mercaderes.
Pero no por ello dejarán de convenir también que es de una tremenda ignorancia, dejar al timón de esa nao, a un bisoño comandante. Un novel timonel que no ha vivido las vicisitudes del día a día de un club, otrora campeón y rebelde frente al establishment del fútbol patrio.
Y en la situación en que nos encontramos, no parece que sea la decisión más acertada por parte de unos gestores que más bien desgobiernan el club. Ojalá no acabemos despeñados contra esa roca llamada “la propiedad”, reflejo de un mal entendimiento del llamado “fútbol moderno”. Mientras tanto, y en espera de que la nave llegue a buen puerto, es lo que hay.

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