En busca de culpables

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En busca de culpables. Esto parece ser a lo que está predestinado el valencianismo en las próximas semanas, meses, y quién sabe si también años. En pleno regreso del fútbol tras el parón por la pandemia del Covid-19 muchas cosas parecen no haber cambiado por el club y su entorno. 

¡No iremos a Champions por los penaltis y errores de Diakhaby! ¡CULPABLE!”. Estos últimos días casi todas las miradas, las iras y las críticas han ido dirigidas hacia el central francés Mouctar Diakhaby, al que muchos condenarían a la hoguera si pudieran. Sus errores son evidentes y su estilo de juego ha quedado en evidencia, pero en absoluto le incapacitan para poder mejorar y tener una carrera futbolística que apenas acaba de empezar a sus actuales 23 años. Mucha gente necesita tener un cabeza de turco (persona a la que quiere hacerse culpable de algo exculpado a los demás) y cuando alguien comete errores tan evidentes es muy sencillo culparle de todos los males, y no neguemos que la mayoría de la gente suele optar por el camino más fácil. ¿Es esto una defensa del jugador? Muchos pensarán que sí, pero yo lo considero más bien redirigir el centro de atención para que un árbol alto y de largas ramas no nos impida ver el bosque.

¡Pero no es culpa de Diakhaby sino del que lo pone! ¡De Celades! ¡CULPABLE!”. Albert Celades entrena al equipo y toma las decisiones respecto al sistema de juego, los futbolistas titulares y los cambios durante los encuentros, pero tampoco podemos negar que el técnico tiene a su disposición unas herramientas que el club ha puesto en sus manos. ¿Alguien puede asegurar que el equipo habría ganado el partido de haber sido titular Mangala? ¿O Javi Jiménez? ¿O Coquelin cambiado de posición? Todos sabemos a posteriori lo que ha ocurrido, pero saberlo a priori es más complicado. No podemos saber si con otra opción el equipo hubiese ganado 1-0 o 2-0, o hubiese perdido 1-2. Nunca lo sabremos. Lo que sí sabemos son las opciones que el técnico tenía: Diakhaby, Guillamón, Mangala, Jiménez o Coquelin, sacándolo así de un centro del campo en el que no podía contar con Kondogbia. Todas las decisiones significaban correr riesgos. Todas. No sabemos si otra distinta a Diakhaby habría resultado mejor o peor, pero considero injusto culpar directamente a Celades por un error que era imposible de prever. Sí, correcto, imposible de prever a pesar de sus dos penaltis contra la Atalanta. Nada hace prever que un jugador tras cometer dos penaltis va a volver a cometer un penalti más tres meses después, igual que tampoco podemos prever si Guillamón, Jiménez o Coquelin habrían podido cometer otro penalti.

¡Pero la culpa es de quien puso a Celades! ¡Anil Murthy y Meriton! ¡CULPABLES!”. Nadie duda de la nula experiencia de Celades dirigiendo a clubes ni de que su contratación fue a dedo, como lo son todas en el mundo del fútbol. No recuerdo yo unas elecciones democráticas en las que aficionados o profesionales voten por el técnico que consideren más preparado y el club contrate al que más votos reciba. Todas las contrataciones son una decisión de la directiva, y, acertadas o no, nunca se toman con la intención de perjudicar al club o al equipo. Seguramente no pensaron en Celades como una opción a futuro sino como un técnico temporal e improvisado esperando conseguir más adelante un técnico de más experiencia para dirigir al equipo, solo en el caso de que Celades no logre los objetivos. En cualquier caso la directiva siempre es la máxima responsable de los resultados porque es la que toma las decisiones. 

¡Pero la culpa es de Marcelino, que quiso mandar demasiado en las altas y bajas y se enfrentó a Meriton! ¡CULPABLE!”. Hay quienes culpan a Marcelino hasta de la temperatura que hoy hace en la ciudad, y hay quienes al menos argumentan su opinión de culpar a Marcelino García Toral. Le señalan por haberse enfrentado directamente a la directiva. La conquista de la Copa del Rey y la clasificación para la Champions League en las últimas tres jornadas tras haber sido seriamente cuestionado en el ecuador de la pasada campaña le hicieron sentirse fuerte y orgulloso, y tuvo sus peticiones respecto a la planificación deportiva del equipo. Peticiones que, al no ser bien recibidas por la directiva, propiciaron sus quejas en declaraciones públicas. La tensión fue tal que se rompió rápidamente el pasado septiembre, y muchos culpan al técnico asturiano de varias de las decisiones tomadas por él o por Pablo Longoria respecto a fichajes, apuestas y descartes. 

¡Pero la culpa es de la prensa, que no hace más que meter porquería y mentiras! ¡CULPABLE!”. Otro clásico ya es el de culpar a la prensa o a parte de ella de lo que sucede en los despachos del club o en el terreno de juego. Por un lado la afición quiere saber lo que ocurre en su club, pero por otro lado se ataca si la información que le llega no es la que desea oír. Por tanto el periodista en muchas ocasiones se encuentra ante la tesitura de publicar lo que sabe o publicar lo que considera que más va a agradar al aficionado, o bien lo que más va a agradar a tal presidente, a tal representante o a tal jugador para ganarse su confianza. Cada cual con los años se forma su reputación y su credibilidad, y todos tienen seguidores y detractores, pero si algunos aficionados van a señalar como culpables a la prensa de lo que suceda en el club creo personalmente que equivocan su disparo.

¡Pero la culpa es de Salvo, que vendió el club a Peter Lim! ¡CULPABLE!”. Amadeo Salvo es otro de los personajes a los que algunos culpan hasta de la temperatura que hace hoy en la ciudad, y otros al menos argumentan su opinión. Consideran que si Meriton es quien está dirigiendo el destino deportivo y socioeconómico de nuestro club es porque el ex presidente Salvo fue quien trajo a Peter Lim para comprar la mayoría accionarial a la Fundación VCF, como así terminó ocurriendo. Y efectivamente Amadeo trajo a Peter Lim cuando Bankia forzó la venta y quería forzar también el comprador: el fondo buitre Cerberus. En la venta (al que podríamos dedicar un capítulo a parte) hubo múltiples intereses y se publicaron muchas falsedades porque de las 7 ofertas iniciales tan solo quedaron finalmente 2 opciones para votar por la Fundación: Cerberus o Meriton. La oferta rusa no presentó los avales económicos necesarios, y la oferta china se había retirado de facto del proceso. Ante la final a dos venció la oferta de Peter Lim, y de nuevo insisto en que esto merece un capítulo a parte, pero cabe destacar que las únicas dos ofertas “reales” de inversión en el club vinieron de la mano de Amadeo Salvo, mientras que el resto de ofertas (por uno u otro motivo) no mostraban una inversión sólida y real. Hoy muchos dicen abiertamente que la mejor opción habría sido un concurso de acreedores, algo que hoy queda muy bonito decirlo pero ve tú en 2014 a explicar a los accionistas, socios y aficionados que se va a optar por un concurso de acreedores en vez de por un multimillonario asiático que va a invertir 200 millones de euros en el club.

¡Pero la culpa es de Bankia, que obligó a vender el club! ¡CULPABLE!”.  La entidad bancaria quería cobrar lo que la Fundación VCF le debía. O pagaba la Fundación o pagaba el avalista, que en este caso era el Instituto Valenciano de Finanzas de la Generalitat Valenciana. Ante esta tesitura, y tras 5 años sin encontrar solución o alternativa, el banco reclamó que alguien debía empezar a pagarle, y de hecho empezó a pagar la Generalitat que posteriormente recuperó el dinero gracias a Meriton. Reclamó el cambio de manos del paquete accionarial que estaba en poder de la Fundación para de ese modo refinanciar también la deuda del club, y trató de imponer la opción que le resultaba más beneficiosa para sus intereses. Finalmente la Fundación no optó por dicha opción, pero sus garantías de cobro quedaron intactas, además de finiquitada la deuda de la Fundación. 

¡Pero la culpa es de Llorente, que no hizo nada por solucionar el problema! ¡CULPABLE!”. Efectivamente el ex presidente Manuel Llorente afirmó haberse hecho el longuis durante 4 años en lo referente a la deuda que tenía la Fundación VCF con Bankia. De nuevo su labor en el club merecería un capítulo a parte, pero es sabido por todos que su magnífica relación con la entidad bancaria no fue suficiente para solucionar las deudas de club y fundación. Su labor podría resumirse en un proyecto (Newcoval), que a la postre resultó ilegal y que afortunadamente no salpicó al club, y en una dependencia total de la venta de estrellas y de disputar cada año la Champions League, sin pararse a pensar en qué pasaría el año que no tuvieras estrellas que vender o el año que no participases en Champions. 

“¡Pero la culpa es de Juan Soler, que hizo la mayor parte de la deuda!”… 

Y así podríamos seguir haciendo un artículo tremendamente extenso echando las culpas más y más atrás hasta llegar a la conclusión de que la culpa del penalti de Diakhaby fue de Octavio Augusto Milego Díaz y de la moneda al aire que en 1919 le hizo primer presidente de la entidad (aunque en realidad no fue exactamente así pero démonos el gusto de seguir el romanticismo de la historia).

A lo que quiero llegar es que mientras nos dedicamos a buscar continuos culpables, responsables, y a discutir entre nosotros sobre si este tiene más culpa que el otro, perdemos de vista los problemas presentes que tiene el club. Mientras nos echamos las culpas unos a otros quitamos la atención en el próximo partido, o en lo que significará para el club y para el equipo no clasificarse para la próxima Champions League, o en cómo se afrontará el próximo mercado de fichajes con las consecuencias económicas de la pandemia del Covid-19, o en si la cantera permanecerá en 2ª B y podrá seguir aportando jugadores de nivel al primer equipo, o en los plazos de la ATE que finalizan y se sigue sin dar una solución al cambio de estadio, o en si el club comunicará a sus aficionados más y mejor respecto a todos los temas de actualidad del club, o en tantos asuntos presentes que olvidamos cada vez que perdemos el tiempo culpándonos entre nosotros. 

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1 comentario en “En busca de culpables

  1. Pues así es Juan Carlos. Una cosa el la crítica del momento y otra entrar en guerras y batallitas cada dos por tres. En mi caso lo tengo claro. Juzgaré cada partido o temporada por lo que vea, pero siempre confiando en que unidos y creyendo en nuestras posibilidades, seremos más fuertes. No suele haber un solo culpable de las derrotas o de las victorias. Y esa esa es una de las grandezas de este deporte. De otra manera sería demasiado fácil. Gracias por el artículo y nos vemos mañana. AMUNT!!!

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