Españeta era la resistencia

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Españeta era la resistencia 1

El fútbol como deporte murió en España con la Ley 10/1990, con la llegada de las SAD, pero aún quedaban coletazos de lo que un día fue y ya no es.

No es que debamos volver a los balones de cuero, al fútbol sin sustituciones, los marcadores analógicos o los dos puntos por victoria, no se trata de renunciar al progreso, hablo de la humanidad perdida.

Cuando hablas con jugadores de la generación de Claramunt, puedes reconstruir un deporte en el que los entrenadores almorzaban con sus jugadores.

Cuando Juan Cruz Sol explica cómo paseaba con sus compañeros por la ciudad, la imagen que envuelve al balompié es de tranquilidad, de convivencia.

Cuando escuchas a Botubot reflexionar sobre su llegada a Valencia, proyectas un contexto de humildad y empatía que el negocio en el que se ha convertido todo hoy no tiene.

Con Españeta se ha ido todo eso, Bernardo encarnaba todavía ese espíritu de jornada de puertas abiertas, de dedicación, amor y diversión en el trabajo, de omnipresencia sencilla en los entrenamientos, de omnisciencia modesta dentro de los estadios.

Hombres que los años les daban todavía más valor por su lealtad, compromiso y experiencia.

Figuras que se han ido extinguiendo porque no parecen útiles en organigramas, en empresas pragmáticas y mercantilizadas.

La capitalización del fútbol acabó con puestos de valor incalculable, humano, para dar paso a becarios, trabajadores pluriempleados u hombres intercambiables de confianza, cuando no a sillas vacías.

Eran cultura de club, historia viva, voces cualificadas gracias a su trabajo, sabiduría real, adquirida con honradez en el día a día. Consejos cercanos.

Y lo hemos perdido. No es un canto hacia el falso pensamiento de que cualquier tiempo pasado fue mejor, no es nostalgia, es un hecho que la llegada de grandes fortunas ha cambiado el panorama. Mucha suerte hay que tener para que el inversor de turno respete la historia, los valores y los hombres.

Para mantener la cultura construida surgen asociaciones, que respetan el legado, lo miman y lo siguen transmitiendo para que no se pierda, personas que son museos con alma, pero un cronista, un documentalista, un historiador… no construye, conserva. Cuando los clubs se desvinculan o delegan esta labor, dejan de crear. No habrá otro Españeta, no solo porque Bernardo España era único y su carisma y cariño irrepetibles, si no porque nadie ocupa en los estadios ya esos lugares, no se preocupan de crear o fomentar la aparición de valores atemporales. La inmediatez manda. Y como las plantillas, todos son sustituibles.

Españeta todavía era la resistencia al sistema.

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