Guedes, Kangin y el 4-4-2 de Marcelino

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Cuando haces un puzzle cada pieza tiene una posición específica. Es impensable colocar una ficha de marco por la zona central y algo parecido debe pensar Marcelino con respecto a su sistema.


Hasta la segunda mitad de la primera temporada el 4-4-2 funcionó a las mil maravillas. Los equipos no sabían como jugar ante un sistema tan bien trabajado. Marcelino convirtió un equipo mediocre que llevaba años sin orden táctico en un auténtico reloj suizo. Cada engranaje tenía claro su rol y eso nos llevó a Champions. El inicio de la segunda temporada se nos atragantó porque todos los equipos empezaban a conocer cómo jugarnos. Nos daban el balón, metían tres centrocampistas o nos colocaban defensa de cinco. El Valencia ya no generaba lo mismo que el año anterior. Solo la Copa puso la confianza necesaria para sacar adelante muchos resultados de la segunda vuelta de Liga.

Y es aquí donde coincidimos muchos valencinistas. El 4-4-2 como bloque es eficaz contra equipos superiores en plantilla, como se demostró en la final de Copa del Rey. Sin embargo, cuando el rival es de menor entidad, Marcelino no permite que las piezas se puedan alternar en el sistema. Llevamos dos años diciendo que el equipo “no tiene gol”, cuando el problema es consecuencia del sistema. Ya nos han cogido la matrícula y la solución la tiene el propio entrenador.

Aunque se parezca, el fútbol no es como un puzzle. Los jugadores son versátiles y una pieza de marco (Guedes/Kangin) puede utilizarse para cubrir los huecos que hay por el centro. La creatividad de estos dos no puede limitarse a cumplir labores defensivas durante 90 minutos. Hay jugadores que por calidad no pueden estar sacrificándose atrás porque luego no les da para la parte ofensiva. El caso de Guedes es muy significativo. Con Portugal, aunque juega pegado en banda, tiene total libertad para moverse por la zona central. Con el 4-4-2 inalterable de Marcelino, el portugués llega desfondado al área rival y deja de ser útil en ataque. Algo similar pasa con Kangin, inconscientemente abandona su posición y se mueve por el centro, es ahí donde destaca. Pero el propio jugador sabe que a ojos de su entrenador lo está haciendo mal porque debe estar ocupando la banda.

Tengo asumido que Marcelino jamás cambiará su 4-4-2. Pero no estaría nada mal algo de flexibilidad para que los jugadores más desequilibrantes dejen de actuar por automatismos y aparezcan en zonas interiores del campo con mayor libertad. Porque en el fútbol hay piezas que encajan en cualquier parte del puzzle y no pueden resignarse a cumplir con funciones de peón.

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