Mestalla: Endgame

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Entrada al viejo Mestalla

Siempre es difícil la mudanza a un nuevo hogar, y más aún cuando llevas cerca de cien años en un mismo lugar. Desde 1923 nuestra casa ha sido Mestalla, así que todos nosotros y anteriores generaciones disfrutaron (y también sufrieron) su pasión valencianista en este recinto. Ya fuese como Estadio Luis Casanova o como Camp de Mestalla en él tenemos nuestros recuerdos, los de todos nosotros, memoria gráfica, auditiva y sensitiva en general. Lo vivido en ese lugar por miles y miles de valencianistas no tiene igual.

¿Será traumática la mudanza al nuevo estadio? Sin duda que lo será por todo lo que dejamos atrás. Las lágrimas nos caerán por dentro, y en ocasiones también las sacaremos al exterior. Las amistades que no les guste el fútbol, o simplemente que no compartan este sentimiento, no podrán entender nuestro malestar durante la época del traslado.

¿Pero este duro cambio significará solo un final o también un reinicio? Esta es la clave y la motivación para escribir estas líneas. Mestalla es posible que no llegue a cumplir los cien años, pero nosotros, la afición, tendremos por delante un reto, un nuevo reto que hasta ahora no había vivido el valencianismo, y ese reto será llenar de valencianismo nuestra nueva casa, llenarla de emociones y de experiencias con el paso del tiempo. Que no quede como un “lugar extraño” sino como nuestro “nuevo lugar”.

Y no estoy hablando de si el equipo será mejor o peor, si lucharemos por títulos o por cotas más bajas, o si la directiva será esta o la otra. No. No estoy hablando de esos detalles. Quién será el presidente, quién será el

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Último diseño exterior del futuro Mestalla (2018)

entrenador, cómo será la plantilla que tengamos en ese momento, cómo jugará el equipo… Estas cuestiones son detalles ajenos a lo que estoy contando. Lo que estoy contando va mucho más allá de personas, de directivos, de jugadores o entrenadores. Hablo de llenar de vida y de valencianismo un lugar que durante demasiado tiempo ha estado vacío, frío, sin alma.

Por tanto, las lágrimas que lloremos por el viejo Mestalla deben ser reparadoras y darnos energía para que toda esa melancolía se centre en el construir un nuevo hogar. Tampoco hablo del diseño, del apartado estético, del aforo, de la megafonía, del Wi-Fi, del aparcamiento, de los baños, etc… sino de la parte emocional del aficionado. Pensemos que este futuro estadio, hoy vacío, debe llenarse de goles, de jugadores importantes, de grandes partidos, de sentimientos hasta el pitido final, de ovaciones, de aplausos y (porqué no) también de protestas. De vida. al fin y al cabo. De vida valencianista.

Me dará mucha pena dejar Mestalla, pero más pena me daría no dedicarnos a llenar de valencianismo el nuevo recinto. Las emociones que pongamos en ese nuevo Mestalla será lo que recordarán y recogerán los valencianistas futuros, así que tratemos de sembrar mucho y bien de emociones el futuro estadio.

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