No, no me arrepiento

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Sé que estas palabras no van a ser compartidas ni comprendidas por muchos amigos y aficionados valencianistas, pero ante la diversión de algunos por remover el pasado para sacar pecho o para ridiculizar, culpabilizar y hacer sentir mal a otros aficionados no puedo más que aportar mi punto de vista desde mi modesta experiencia.

No, no puedo arrepentirme de haber estado en la manifestación del 13 de agosto de 2014 ni en las asambleas informativas de Mestalla levantando cartulinas. En absoluto me arrepiento. Hay algo que tengo muy claro desde aquel momento y es que era plenamente consciente de que la futura gestión de Meriton Holdings podía salir bien, podía salir mal o podía salir regular. Os juro que era consciente de ello. Era consciente de que podíamos volver a jugar la Champions, e incluso ganar algún título, pero también era consciente de que podía resultar una gestión nefasta que podría llevar al club al segundo descenso de categoría en toda su historia. Así que si creen que era un ingenuo que pensaba que en pocos años íbamos a ganar la Champions League se equivocan. Era plenamente consciente de que los nuevos gestores podían hacer las cosas mal, aunque por supuesto ese no era mi deseo. 

¿Cómo se explica que esté tremendamente disgustado con la gestión de Meriton y que a su vez no me arrepienta en absoluto de haber apoyado la venta de la mayoría accionarial a Meriton? Es mucho más sencillo de lo que parece, simplemente hay que querer saber. Digo esto porque a menudo las personas no buscan información (querer saber) sino que solo buscan datos que confirmen lo que ya están prejuzgando en sus mentes (querer confirmar). Seguramente muchos de ustedes ya solo están leyendo esto con el único interés de buscar contradicciones o algún dato que confirme mi falta de rigor o algún interés oculto en particular hacia tal o cual “bando” valencianista. Pues desde ahora ya les digo que “el entorno me chupa un huevo”, como dijo el mítico Rubén Baraja en una rueda de prensa. Con esto quiero decir que no tengo ni el más mínimo interés en bandos periodísticos, ni en bandos sociales, ni en bandos de aficionados, ni en bandos de ningún tipo. Simplemente aprovecho esta plataforma (al igual que las redes sociales) para expresar mi punto de vista, algo que la tecnología permite a cualquier persona en los tiempos que vivimos pero que también supone el único deporte de riesgo que practico. Mi punto de vista a veces ha sido compartido por la mayoría de aficionados y otras veces por una minoría. Si creen que me preocupa eso les pido que vuelvan a leer la frase de Rubén Baraja y obtendrán la respuesta. 

Es difícil escoger por dónde empezar porque hay mucho que comentar, pero les recomiendo seguir leyendo si su interés es más querer saber que querer confirmar. La afición en su gran mayoría ha roto por completo con el máximo accionista, cosa totalmente comprensible vista su forma de gestionar el club en los últimos seis años. No es necesario hacer aquí un resumen o balance de cómo se ha gestionado el club desde la temporada 2014/15 hasta este año 2020 porque todos conocemos de sobra las diversas decisiones tomadas y sus consecuencias. Lo que sí se puede abordar es cómo seis años después muchas heridas quedan aún abiertas, y no solo contra los protagonistas de la venta sino contra simples aficionados. No sería ningún error renombrar al “proceso de venta” como la “gran guerra civil del valencianismo” en los últimos tiempos. Hermanos, familiares, vecinos, amigos, compañeros, peñistas… Muchos valencianistas enfrentados entre sí e incluso llegando en algún caso a vergonzosas amenazas verbales o físicas. 

No va a ser esto un análisis pormenorizado de todos los eventos que desembocaron en aquella situación, ni tampoco pretendo demostrar nada. Si usted piensa una cosa sobre aquel proceso de venta seguirá pensando exactamente lo mismo cuando termine de leer este artículo, y si piensa la contraria también seguirá pensando igual. No es mi intención que ninguno de ustedes cambie su opinión sobre lo sucedido porque cada cual ya se informó, tuvo sus experiencias particulares y tiene formado su propio punto de vista.

No hay porqué arrepentirse de intentar defender aquello que más quieres. A menudo repito que hay que tener en cuenta las circunstancias de cada suceso, y muchos se ríen cuando digo esto. Se quedan en la superficialidad y en la prepotencia de saber lo ocurrido seis años después, pero yo trato de no quedarme en ello sino en tratar de conocer o tener en cuenta las circunstancias. Es como si alguien hace la siguiente reflexión: “Qué tontos eran los aficionados del Valencia que tenían dudas del fichaje de Rafa Benítez en 2001”. ¿Fueron realmente tontos los valencianistas en aquel momento? Si nos lo dice alguien tres años después es muy fácil llamar tontos a aquellos aficionados que dudaron de Benítez en 2001, pero pensad fríamente si había motivos para tener aquellas dudas. No quiero hacer mucho más extensa esta reflexión pero me sirve como ejemplo para que valoren si las circunstancias dan cierto sentido o cierta explicación a los comportamientos.

Desde el resto del país tratan al valencianismo como una masa sin cerebro, y lo peor es que muchos valencianistas empiezan a pensarlo también. Eso es, desde mi punto de vista, porque se quedan en la capa más superficial sin tener en cuenta las circunstancias de cada acto. Otro ejemplo más reciente es cuando se ridiculiza que algunos aficionados pedían la destitución de Marcelino García Toral en diciembre de 2018 y luego se ganó la Copa del Rey en 2019 y se llegó al 4º puesto en Liga, pero los números en diciembre de 2018 nos decían que el equipo se movió durante la primera vuelta del campeonato entre los puestos 14º y 17º, con 3 victorias en las primeras 16 jornadas, eliminados del grupo de la Champions sin plantar cara a los rivales, y sufriendo para eliminar al colista del grupo III de la 2ª B en la Copa del Rey. ¿Estoy diciendo que se tenía que haber destituido a Marcelino? No, en absoluto. Si interpretan eso están muy equivocados. Solo digo que si vamos al momento exacto y valoramos las circunstancias de aquel momento puede ser que aquella gente no actuara de manera irracional, sin ningún sentido, como zombis en masa o como borregos, que está muy de moda últimamente esta palabra.

Por tanto defiendo y defenderé siempre que se tengan en cuenta las circunstancias de cada momento en vez de faltar al respeto a quienes en 2001 dudaron de Benítez o a quienes en diciembre de 2018 dudaron de Marcelino. No se es más inteligente por decir “ya lo decía yo”, pero sí más prepotente.

Finalizado el preámbulo empezamos aquí el artículo en sí. Algo me dice que este artículo va a ser ridículamente largo, por lo tanto les invito a que se tomen una pausa y más tarde regresen (si así lo desean) a seguir leyendo desde este punto. 

¿Cómo se explica que esté tremendamente disgustado con la gestión de Meriton y que a su vez no me arrepienta en absoluto de haber apoyado la venta de la mayoría accionarial a Meriton? Es mucho más sencillo de lo que parece, y como habrán podido deducir tiene que ver con las circunstancias. Últimamente solo leo mensajes tanto de aficionados como de periodistas diciendo “qué tontos fuimos”, “cómo nos engañaron”, “nos dejamos embaucar o manipular”, etc, y en este punto me gustaría tocar dos temas.

Primero, cuando uno engaña, miente o estafa a alguien el significado que esos tres términos llevan implícito es el de que la persona en cuestión es plenamente conocedora de lo perjudicial que algo va a ser y que aún así sigue diciendo solo lo bueno. ¿Ustedes realmente creen que en 2014 cualquier persona podía saber que el presidente puesto por Meriton Holdings iba a mandar callar a Mestalla? ¿O que iba a expulsar del estadio a la grada de animación? ¿O que iba a ignorar por completo la construcción del futuro estadio? ¿O que iba a poner a gente como Gary Neville, Pako Ayestaran o Albert Celades al frente de la plantilla? ¿O que iba a ignorar por completo las figuras del Director General y del Director Deportivo? ¿O que iba a tardar 4 años en poner un patrocinador principal en las camisetas? ¿O que iban a dirigir el club fijándose más en el hermetismo y la fidelidad hacia Meriton que en la profesionalidad de los trabajadores? ¿Ustedes realmente creen que en 2014 alguien sabía todo esto? Jugar a pitonisos es muy divertido, y más con prejuicios de por medio, pero absolutamente nadie era conocedor (ni podía serlo) de que todo eso fuera a pasar. Ni siquiera los más contrarios a la venta.

Ahora parece que todo el que en aquel momento bramaba contra Peter Lim era un “mesías” venido del futuro que nos advertía de las malas gestiones que iba a hacer Meriton. Pues no, lo siento mucho. Recuerdo perfectamente a esos “mesías” y ya les aseguro yo que no eran videntes del futuro ni viajeros del tiempo, ni tampoco eran “guardianes dels sentiment” en pro del romanticismo de conservar el Valencia CF en manos valencianas, por mucho que se abanderaran en dicho calificativo. Muchos de esos que ahora abanderan la lucha contra Lim llevan con las armas cargadas desde 2014, desde mucho antes de que Lim empezara a hacer de las suyas, y aguardan el momento para poder asomar sus cabezas o sus influencias dentro del club. Se suele hablar mucho de la palabra “intereses” cuando se habla de la venta a Peter Lim, pero se olvidan de mencionar “otros intereses” que había por impedir la venta a Peter Lim o a Wang Jianlin (Wanda). Es muy divertido y parcial hablar de unos supuestos intereses pero obviar otros. Estoy seguro de que en este momento (si han llegado hasta aquí) algunos de ustedes están repitiendo casi en voz alta: “¡Yo lo dije! ¡Yo sí lo sabía! ¡Yo lo advertí y me insultaron!”. A ustedes les digo dos cosas: primero, si les insultaron o amenazaron me parece deplorable, es el recurso más bajo y ruin de aquel que no tiene argumentos para hablar como personas civilizadas, y segundo, todo el mundo tiene derecho a confiar o desconfiar de quien quiera, por supuesto, pero les aseguro que por mucho que desconfiaran de Peter Lim no podían saber cómo iba a gestionar el club y las distintas contingencias.

Intento no hacer un análisis pormenorizado del proceso de venta pero es complicado, y en conclusión a este primer punto les diré que por supuesto tienen todo el derecho del mundo a sentirse engañados, pero yo simplemente les recuerdo que uno engaña cuando dice una cosa sabiendo que detrás hay otra muy distinta, y creo firmemente que en este caso no fue así. Si usted cree que lo contrario está en todo su derecho, pero no solo hay que creerlo o inferirlo sino también demostrarlo.

Y como segundo y último tema me gustaría hacer referencia a la manifestación del 13 de agosto de 2014 y al título del artículo: “No, no me arrepiento”. ¿Por qué no me arrepiento? Evidentemente por las circunstancias que llevaron a aquella movilización y porque además no hay que arrepentirse de intentar defender aquello que más quieres. La situación de aquel momento hay que entenderla también conociendo los antecedentes de los que venía el club. Unos gestores que durante 4 años no pusieron solución al grave problema que tenían tanto el club como la Fundación con una deuda millonaria por refinanciar y otra por empezar a asumir. El banco se negaba a refinanciar nada si no había un cambio de manos de las acciones a un nuevo máximo accionista. ¿Y le servía cualquier máximo accionista? Evidentemente no. El banco procuraba imponer su opción preferente, la que más le beneficiaba, y todo ello antes de existir ningún proceso de venta. Gracias a la insistencia y la firmeza del club se pudo organizar un proceso con representantes de las 4 entidades implicadas: Bankia, Generalitat, Valencia CF y Fundación VCF. Un proceso para nada perfecto y con muchas rencillas entre los protagonistas, pero un proceso que al menos pudo mostrarnos el nombre y apellido de los interesados en adquirir la mayoría accionarial. De no haberse organizado este proceso solo quedaba asumir el nuevo propietario que aceptase el banco, o bien un concurso de acreedores que (aunque ahora digan lo contrario) muy pocos deseaban en aquel momento por todo lo que suponía.

He dicho que no iba a hacer un análisis de todo el proceso pero es inevitable mencionar ciertas cosas al respecto para entender aquella manifestación del 13 de agosto. Siete fueron los candidatos iniciales y dos fueron los candidatos finales: un fondo buitre que aunque les pusieran algún rostro futbolístico y valenciano todos sabemos perfectamente cuál objetivo tendría, y la empresa de un magnate millonario enamorado del fútbol que llevaba años con contactos importantes en el mundo del fútbol y queriendo entrar en algún club importante de Europa. ¿He dicho alguna mentira respecto a alguna de las dos ofertas finalistas? Creo que no. ¿Alguien podía saber en ese momento que Jorge Mendes iba a actuar de director deportivo o intermediario del club durante los siguientes 6 años? ¿Alguien podía saber en ese momento que si el entrenador fallaba iban a poner a gente sin experiencia al frente de la plantilla? ¿Alguien podía saber en ese momento que se iban a desentender por completo del futuro estadio aún comprometiéndose por escrito? Por muchas reuniones, muchas declaraciones, muchos documentos firmados que hubiera… era imposible prever lo sucedido, aunque los “mesías” actuales se vanaglorien ahora de que en aquel momento ya sabían todo lo que iba a suceder. ¿Y sabían esos “mesías” lo que iba a suceder de haber entrado la opción preferida por el banco? Eso no lo dicen.

Finalmente, tras muchas idas y venidas, la opción de Meriton Holdings fue la elegida en mayo de 2014 por el patronato de la Fundación de acuerdo con el informe de la asesoría PwC, y solo faltaba acordar con Bankia la refinanciación de la deuda del club y cancelar la deuda de la Fundación. La afición estaba inquieta porque quería la entrada ya del nuevo capital para preparar la temporada 2014/15. Recuerden que veníamos de unas temporadas en las que los fichajes más caros a los que aspiraba el club eran Hélder Postiga (3 millones) y Dorlan Pabón (3,5 millones más la ayuda de un fondo de inversión) y jugadores cedidos o a coste cero gracias a la situación económica que dejó la gestión hecha desde 2009 y a la deuda arrastrada de años anteriores. Olviden por un instante a Anil Murthy mandando callar a Mestalla, o a Layhoon Chan necesitando un traductor, o cómo se ha ninguneado a los distintos directores deportivos en los últimos años, o cómo Meriton saca pecho en redes sociales porque el club haya disputado unos octavos de final de la Champions League, o cómo han salido algunos técnicos y jugadores en los últimos años. Olviden por un instante, aunque sea difícil, todo eso que no sabían (ni ustedes ni nadie) en verano de 2014. Simplemente pónganse en situación: un nuevo comprador para las acciones había sido elegido. Eso no lo convertía en “perfecto”, pero sí en el escogido por la Fundación. Un magnate millonario deseoso de invertir en un club de fútbol. ¿Podría salir mal? Por supuesto que sí, y también podía salir bien, pero la alternativa todos sabíamos cuál era, y no era nada agradable. Se optó por arriesgarse con este millonario singapurés que al menos tenía cara, ojos, dinero, contactos importantes en el mundo del fútbol, etc.

Volvamos a la situación: un nuevo comprador para las acciones había sido elegido, pero la venta de las acciones debía estar supeditada a un acuerdo con Bankia. Pasó mayo, pasó junio, pasó julio… Estábamos en pleno mercado de fichajes, en agosto, y el club no podía contar con la ayuda del nuevo máximo accionista para reforzar el equipo porque el banco no acordaba con ellos la refinanciación de la deuda. Quedaban dos días (hasta el 15 de agosto) para finalizar el periodo de exclusividad que tenía Meriton para negociar esta refinanciación con Bankia. Casi 3 meses de reuniones para acordarla y todo estaba en el aire, e incluso a punto de romperse por las exigencias del banco, exigencias que imponía a Meriton pero curiosamente no a su fondo buitre. Los aficionados veíamos cómo se nos podía escapar la opción de reforzar la plantilla de cara a esa temporada, y quizá también de cara a las próximas si no se acordaba la refinanciación con Bankia. ¿Qué podía hacer la afición? Pues lo único que en estos casos puede hacer: expresar sus sentimientos, en este caso un sentimiento de preocupación. El modo de expresar esta preocupación fue en forma de manifestación organizada para el 13 de agosto frente a Mestalla, que terminó rodeando el estadio con pancartas con lemas como “El VCF somos nosotros”, “Queremos a Lim, No a Bankia = Chupópteros” y “Es difícil vencer a quien nunca se rinde”. Una manifestación que no fue promovida por ningún medio de comunicación ni contó con la presencia de periodistas (más allá del personal gráfico, evidentemente) ni de miembros de ninguna parte implicada. Solo aficionados. ¿Pero entonces la manifestación se hizo por Peter Lim o por el Valencia CF? Respondan a esta pregunta con sinceridad. En ese momento las opciones eran Peter Lim o que Bankia siquiera mareando y alargando el proceso para “cansar” a Lim y terminar imponiendo su fondo buitre, y ante tal tesitura la gente cantaba en favor del acuerdo con Lim. Pero eso es la superficie, vayan al fondo y verán que el motivo de dicha manifestación no fue Lim, Lam, Lum o Lem sino el Valencia CF. Había mucho en juego. Y la afición no dudará en volver a manifestarse (del modo que considere en cada momento: en calles, en la grada, en pancartas, en redes sociales, etc) en contra de lo que consideren dañino para el club. Es el principal derecho (y diría que hasta obligación) que tiene una afición: expresar lo que siente

Unos 3.000 valencianistas, repito: solo valencianistas, sin miembros de prensa ni ninguna institución, fuimos a aquella manifestación por y para un Valencia CF que en aquellas circunstancias tenía mucho en juego. Es cierto que ahora con el paso de los años, y viendo cómo ha gestionado Meriton el club, nos cuesta recordar todos los detalles que envolvían a aquella manifestación. Nos quedan flashes, fotos, pancartas, dos o tres cánticos… Nos queda la superficie, y es muy fácil caer en el “qué tontos fuimos”, pero yo me niego a afirmar eso porque recuerdo perfectamente las circunstancias que motivaron dicha expresión de preocupación. Me niego a insultar, a faltar al respeto o a dudar del intelecto de 3.000 valencianistas que salieron a la calle tremendamente preocupados por su club, sin saber cómo iba a gestionar Peter Lim pero tratando de sacar del club los largos dedos del banco, que ya llevaba muchos años controlando los quehaceres diarios del club e intentando incluso una operación ilegal para el futuro estadio y una futura ciudad deportiva.

No olvidemos por tanto el fondo y las circunstancias de aquel momento. Yo no me arrepiento de haber expresado mi preocupación por la supervivencia de mi club, teniendo que recurrir por desgracia a un inversor extranjero, una dura y difícil decisión que todos sabíamos que supondría un antes y un después en la historia del club, pero una situación a la que nos abocaron las diversas gestiones llevadas a cabo por gestores valencianos y toleradas desde la mayoría del entorno. No sabíamos si el nuevo máximo accionista nos iba a llevar a Champions o a 2ª División, pero lo que sí sabíamos era lo que no queríamos: más corruptelas bancarias dirigiendo nuestro club. Ahora dirán ustedes que ahora hay supuestamente otras “corruptelas”, que tal vez sea cierto, pero en aquel momento se trataba de escoger entre una incógnita (una incógnita con dinero y apasionada por el fútbol) o una gestión bancaria sin apenas inversión. Lo dicho, visto desde ahora es muy sencillo criticar la gestión de Meriton y yo también lo hago, pero no me pidan que viaje al 13 de agosto de 2014 a criticar a manifestantes valencianistas y a criticar una gestión de Meriton cuando ni siquiera había empezado. Simplemente era una opción de oxígeno a un club que estábamos ahogando entre los propios dirigentes valencianos y el banco. Si el oxígeno se termina o resulta ser un gas venenoso el tiempo lo dirá, y ya lo ha dicho. Meriton ha quedado totalmente retratado tras 6 años e innumerables decisiones que han llevado a un divorcio total con el valencianismo. El tiempo dirá si es un divorcio amistoso o de los que terminan con golpes y en los juzgados. Y esto no lo deciden periodistas, ni emisoras de radio, ni periódicos, ni cuentas de Twitter, ni sabios “guardianes del sentiment”, esto lo dictaminarán los hechos. 

Si han llegado hasta aquí leyendo esto les felicito. A mí también me ha costado escribirlo. Como dije al principio no trato de cambiar su opinión sobre lo sucedido. Pueden creer y opinar lo que deseen, pero solo les pido que antes de insultar, antes de faltar al respeto, o antes de dudar de la inteligencia de la gente por sus actos u opiniones tengan siempre en cuenta las circunstancias que les llevan a ello. No se queden en la superficie ni en las formas, vayan al fondo y a las circunstancias que lo rodean, a poder ser sin odios ni prejuicios, dialogando y argumentando sus opiniones sin sentirse superior a nadie y sin faltar al respeto a nadie. Busquen querer saber en vez de querer confirmar

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1 comentario en “No, no me arrepiento

  1. Pedazo de artículo Felipo! Y por supuesto, del que estoy totalmente de acuerdo porque vivimos juntos aquellos momentos y es evidente que sabiendo lo que se sabía en aquella época, era lo que había que hacer. Y una COPA más que tenemos a pesar de la nefasta gestión. Así que muchas gracias y espero, que aunque no sea lo que pretendas, mucha gente abra un poco los ojos y reflexione y piense antes de opinar sobre ciertas cosas. Abrazo grande y Amunt Sempre! 💪 🦇

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