La caricatura de Rumanía. El DeLorean ché (3)

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La caricatura de Rumanía. El DeLorean ché (3) 1

Viajamos con el DeLorean a la época en la que algunos se enamoraron de Rumanía. Salió bien la primera relación y creímos haber encontrado una mina de oro.

1250 millones desembolsó el Real Madrid por Pedja. 1000 se gastó el Valencia en Karpin. En defensa del ruso hay que decir que en el Celta y en la Real Sociedad triunfó sobremanera (subcampeonato de liga incluido). Podríamos decir que estuvo bien acompañado, primero de Kovacevic y Nihat y después de su compatriota Mostovoi, pero se me ocurre alguien, del que hablamos la última vez, que costó otros tantos millones, que aquí estuvo muy bien acompañado y que sin embargo formó parte de una saga de fracasos rumanos.

A diferencia de con los uruguayos con nefasto resultado que pasaron por aquí (Nico Olivera, Estoyanoff, Canobbio o Diego Alonso), que fueron exclusivamente culpa de las primas de los representantes y ojeadores, el caso de los jugadores rumanos tiene su miga.

El mercado invernal suele ser catalogado, con razón casi siempre, de mercadillo de sobras, pero en enero de 1998 aterrizaba en Valencia Adrián Ilie, la excepción que confirma la regla. Llegaba del Galatasaray tras haber explotado previamente en el Steaua de Bucarest y pronto se ganó el apodo de La Cobra. La dupla que hizo con Claudio López la recuerda cualquier español que siguiera mínimamente el fútbol a finales de los años noventa.

No fue únicamente su éxito lo que atrajo a media Rumanía a la ciudad del Turia. Cuatro años antes, en el Mundial de 1994 de EEUU, el conjunto de Hagi, el Maradona de los Cárpatos, había sido líder de su grupo y eliminado a Argentina en octavos por 3-2. Tan solo los penaltis le hicieron abandonar la competición en cuartos de final contra la Suecia de los Eriksson, Blomqvist, Schwarz, Bjorklund o Tomas Brolin (selección que estuvo muy cerca de vencer también a Brasil y plantarse en la final del Mundial).

Eso atrajo la atención de muchos secretarios técnicos hacia Europa de Este, para nuestra desgracia especialmente la de los valencianistas. Al concluir la temporada 97/98, Adrián convenció a la dirección deportiva para que trajeran a su hermano, “el hermano bueno” según nuestro bravucón de cabecera. Pero Sabin llegó exclusivamente para hacerle compañía a Adrián, y ni eso, ya que su carrera se limitó a ir cedido de un lugar a otro durante su eterno contrato con el Valencia, incluso por equipos rumanos, y ni después dio muestras del talento goleador previo a su fichaje (sin menospreciar su Bota de Oro 2008 en la Segunda División China…)

Esa misma temporada, junto con el pequeño de los Ilie, llegaría el jugador del que hablaba al inicio. Algún lumbreras pensó que Popescu y Karpin tenían un precio similar y al presidente del Valencia le pareció bien.

No eran buenas fechas para el conjunto ché para jugar en el Helmántico, si en 1995 había sufrido un 4-0 adverso, en abril de 1998 el desaparecido Salamanca iba a conseguir su victoria más abultada en Primera División.

El primero de mis recuerdos de hoy no es mío, es de mi suegro y su familia, que viendo que el partido se jugaba a las 17h decidieron coger el coche pronto para llegar a tiempo… de ver como le metían 6 goles a Campagnuolo, un portero más largo que un día sin pan que tenía las manos de mantequilla. Casi seis horas de viaje de ida y otras tantas de vuelta, aunque al menos en el de regreso un pasajero iba feliz: Vicente Adam, exdefensa del Salamanca que había llegado a coincidir con Jorge D’Alessandro, natural de Algemesí, volvía a Alzira contento por su exquipo.

Ninguno de aquellos seis tantos lo marcó Popescu, de hecho el interior rumano decían que era conocido por sus potentes disparos pero solo tenía cinco goles en su haber en la máxima categoría. Y aun así llegó aquí por una cantidad desorbitada para jugar cinco partidos como titular y tan solo dos completos, porque Ranieri no utilizaba las bandas. 702 minutos y un gol y vendido la temporada siguiente al Numancia. En Soria sus chuts siguieron sin entrar y sus pases continuaron igual de erráticos, pero al menos él duró poco en Mestalla.

He contado una anécdota. Y suelo traer dos. Pero claro, falta un rumano más. La cosa no iba a terminar aquí. Ioan Becali aún tenía que colocarnos a Dennis Serban después de un Steaua – Valencia de UEFA, un jugador que destacaba gracias a las carencias del resto de sus compañeros. Sí, estamos ante el jugador que alineó Rafa Benítez contra el Novelda y que le costó al club la eliminación de Copa del Rey en los despachos por exceso de extracomunitarios sobre el terreno de juego. Aquello le costó la dimisión al ya difunto Juan Cruz Sol.

Pues bien, nunca olvidaré que aquel infame jugador fue motivo de mi primera conversación universitaria. En la puerta de la facultad, un andaluz del Poli Ejido se quejaba de la ineptitud del rumano, esa temporada habían coqueteado con el descenso a 2ªB y por lo visto Serban podría haber hecho mucho más durante todo el año. Gracias a Dennis empezó mi integración académica.

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