Sobre robots, amputaciones y pactos sociales.

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(estas lineas se escribieron hace ya quince días, antes de los últimos acontecimientos, pero creo que no ha perdido actualidad)

Escribo estas pocas líneas con tan solo dos objetivos. El primero y principal, dar una visión un poco alternativa de la realidad de nuestro Valencia C.F. y lo que creo que debería ser la lucha de su afición, ahí es nada. El segundo, mucho más modesto, que no me etiqueten como robot al servicio de la propiedad. Como creo que es real su existencia, quizá por deformación profesional, esto no me parece poca cosa.

Empecemos como se suele hacer en este caso por el segundo.

Pienso que la gestión deportiva del Valencia C.F que está realizando Meriton es en líneas generales bastante desastrosa, con consecuencias económicas también desafortunadas, por lo tanto la gestión puramente financiera del club tampoco me parece ni de lejos brillante. Y por último, la gestión institucional me sume en una profunda vergüenza diaria al sentir al club como algo mío. Aquí añado que además hemos salido perdiendo con el cambio de Anil Murthy por Lay Hoon. Si a la primera se le podían recriminar muchas cosas al menos siempre tuvo sensibilidad hacia por ejemplo el fútbol femenino, la historia del club, o el enraizamiento en la ciudad, aunque esa sensibilidad tuviera poca visibilidad reales. Pero es que Anil parece, y que me perdone pues no lo conozco, como aquellos antiguos cónsules o agregados culturales de grandes imperios que se hacían dueños y señores de la “cara b” de las ciudades donde “ejercían” sabiéndose liberados de toda carga laboral pues su puesto de trabajo no tenía quehaceres asignados.

En definitiva, pienso en Meriton como el menos malo de todos los pronósticos posibles cuando el gran gestor, al que no nombraré con la vana esperanza de que desaparezca de la historia de nuestro club, dio, o le dieron, un paso a un lado. Resumiendo mucho, Meriton es la amputación de la pierna cuando la gangrena puede terminar contigo.

Posicionado sin ambigüedades, me adentro en mi segundo objetivo.

¿de verdad pensáis como opción real en la compra-venta del Valencia C.F. a corto medio plazo?

Haciendo bueno el número que no deja de sonar en redes sociales de una inversión de 200 millones de euros (realmente invirtió más) ¿de verdad pensáis que vendería por lo mismo?

Bueno, aunque así fuera ¿de dónde pretendéis sacar ese dinero? ¿de los aficionados? Hay gente que llega a duras penas a poder pagarse el abono quitándose de otros gastos esenciales. Y aunque pudiésemos juntar el dinero de los aficionados ¿de verdad pensáis que cualquiera de nosotros, me incluyo, vamos a avalar con nuestros bienes la deuda que ahora mismo tiene el club? ¿con nuestra única casa en propiedad, si es que la tenemos, con el coche, con los ahorros para los estudios de los niños?

Bueno, aquí siempre podemos optar por pensar en esa burguesía valenciana y valencianista que estaría dispuesta a… ¿de verdad pensáis que existe? ¿dónde estaba esa burguesía cuando nos amputaron la pierna? ¿ese gran negocio que es el Valencia C.F. porque no lo vieron entonces? ¿o ese sentimiento valencianista porque no les surgió antes? La respuesta a todo esto es fácil. No existen.

Entonces ¿porque no centrar nuestros esfuerzos en hacerle entender a la propiedad de hoy, la de mañana no sabemos cuál será, lo que debe ser nuestro club? Y uso la palabra “debe” porque no podemos dejar que sea otra cosa. No podemos dar alternativa.

Hay quien me dirá que el dueño hará siempre con el club lo que quiera a su libre antojo. Pensad un momento que lo mismo le decían a los primeros trabajadores que se asociaron para lograr que las empresas donde trabajan, privadas ellas, con dueño caprichoso o no, cumplieran ciertas normas. Os estoy llamando a que exijamos (logremos) de la propiedad un pacto de convivencia. Un pacto de crecimiento. Un pacto donde nos sintamos cómodos ambas partes, masa social y propiedad.

Un pacto que debería empezar por las exigencias que la historia del Valencia C.F. impone. Un Valencia C.F. social e histórico. Un exponente de nuestro pueblo. Una ayuda permanente en todos los ámbitos sociales posibles. Integración, educación, cultura, deporte.

Un Valencia C.F. que fomente su historia, que potencia la cultura y que ayude por medio del deporte a los más desfavorecidos.

La segunda de las exigencias debería ser ya puramente deportiva. El respeto a la historia, a todas las personas que lucharon por este club desde dentro y desde fuera, en el césped y en la grada durante tres, cuatro o cinco generaciones debería obligar a que en lo deportivo este club no se degrade. En el campo, pelee y luche cada partido, pero en los despachos, que su plantilla no la conformen jugadores que nunca llegarán a vestir su camiseta porque son puramente mercancía alcista con la que obtener dividendos. Resumiendo, que en lo deportivo el equipo sea siempre y puramente deportivo, competitivo y con amor propio. Fusionando nuestra historia, que el Valencia C.F. sea bronco, copero y soñando que no tenemos techo.

Y ahora llegaría la parte que obliga a la afición. Que sepamos, aprendamos y respetemos que una propiedad no tiene que regirse en democracia, que las decisiones no son nuestras y hay que respetarlas. Que sepamos, aprendamos y respetemos que la propiedad quiere ganar dinero con nuestro club y le dejemos que lo haga sin levantarnos en armas cada vez que lo intenta. Que sepamos, aprendamos y respetemos que una de las formas de ganar dinero va a ser siempre, por definición, vendiendo tus mercancías de más valor. Que entendamos que nos venderán a nuestras estrellas, a nuestros ídolos y que deberemos fabricarnos otros. En definitiva, que nos sintamos cómodos con un Valencia C.F. con sus exigencias sociales, históricas y deportivas aunque la económica rija la entrada y salida de futbolistas.

Luchemos por este pacto social. Vale la pena. Vale la alegría.

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